Cuando somos pequeños, nos enseñan y
educan que el deseo, se lo debemos pedir, a la estrella del atardecer, a esa
estrella fugaz, pero en realidad, cuando vamos creciendo nos damos cuenta cada día más y más que ciertos deseos, no se cumplen.
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| Una tarde, en alguna parte del mundo, deseando, un deseo, porque es uno de los abanicos del acto del amor. |
Ciertos deseos, suelen,
ponernos mal, llevarnos a la tristeza, influir en nuestras vidas de una manera
fuerte, que ocasiona un sentir positivo o un sentir negativo.
Algunos deseos, suelen, ser tan
intensos cuando están relacionados con lo prohibido, son deseos que erotizan la
idea de iniciar ¨algo¨ con esa persona y buscan resolver y consumar ese deseo.
En muchas ocasiones esto solo es, consumarlo y después uno mismo, busca nuevas
alternativas, se accede a nuevas seducciones, para corresponder y ver a otros
prospectos, ver nuevas personas, enamorarse de un nuevo ser, ¨un nuevo objeto
amado¨. Que nos haga recordar esa exitación con o sin erección, con o sin idea
de pertenencia, penetración y/o posesión.
Pero entonces, el deseo se vuelve intenso,
conforme vamos creciendo o solo, es mediante un proceso de significado, donde
le damos la importancia, el grado de interés que voluntariamente –
involuntaria, cedemos a que sea más grande que uno mismo, esta intensidad, que
se vuelva tóxica, donde el significado sea más y tenga más valor que nuestro
amor propio. Cuando se vuelve tóxica, posiblemente cuando dicha intensidad con
la que deseamos en algunas ocasiones, que la otra persona nos ame, nos quedamos
en el imaginario de esperar y esperar, cuando quizá lo más humilde, en nuestro
propio reflejo es reconocer que la otra persona, no nos dará el tiempo para
amarnos y mucho menos desearnos.
Entonces, ¿Estamos deseando lo indeseable,
lo prohibido? O deseamos un deseo de una estrella fugaz, para poder sostener
nuestra ansiedad, frente a la pérdida del ser amado, ¿Qué deseamos? Quizá se podrían
desear muchas cosas, pero ¿Por qué deseamos que nos desee el otro? ¿Por qué
deseamos que nos ame la otra persona? Acaso deseamos que nos amen como nosotros
esperamos, pero si esto ocurriera, la otra persona amaría como le indicamos,
esperamos y necesitamos, ¿Acaso el egoísmo y el narcicismo son las causas que
nos limitan para que el otro nos ame? No seremos o somos capaces de aceptar el
amor más honesto de la otra persona, aceptar el estilo y las diferencias que nos
ofrece de amarnos la otra persona.
Deseamos tan intensamente ser amados,
acompañados, pero quizá se nos complica el deseo, sentir que no se nos desea,
hace que nuestra capacidad de alerta y de ansiedad, se haga presente y lo
llevamos a la relación actual, en un acto de conflicto, de celos, de pelear ¨la
propiedad¨ que en nuestro imaginario, se pudiera llegar a pensar, que ciertas
atenciones de educación que recibimos del otro, ya son motivos suficientes para
creer que nos desean. Ambas partes deberán sentir deseo, cada uno a su propio
ritmo e intensidad y voluntariamente compartirlo con la persona adecuada, con
la persona que dio píe al nacer este deseo o quizá se haga presente que uno de
los dos involucrados en la relación, desee y la otra parte, simplemente no
desee. Y esto último a conciencia deberá ser aceptado y valido.
Existen deseos breves, que nos llenan, en
nuestra cotidianidad de la vida. Por ejemplo el deseo de comer, dormir, vivir y
defecar, son actividades de deseos, que las hemos hechos tan inapropiados de
nosotros, que las ejecutamos en automático y en ocasiones, hacemos esta práctica
retentiva, tan inapropiadamente que le faltamos al respeto a nuestro propio
cuerpo.
Ese respeto, si de verdad deseamos a una
persona, deberá ser un valor, una práctica, la base de la comunicación y la
convivencia que se pueda construir con aquella persona deseada, cuando hace
falta este valor llamado respeto, se inicia entonces, con un deseo enfermizo,
de poseer y la privación al ser deseado y amado. Es tan sutil esta falta de
respeto, que el conflicto se hace presente, en el acto cuando des – apropiamos
del valor humano, al ser amado y lo volvemos objeto de nuestro control. Justificando
este acto, con el sentimiento del deseo, ¨me hace sentir bien¨¨quiero estar con
él o ella¨¨me hace bien su compañía¨.
El deseo, es el acto de sabernos que estamos
vivos, de hacer conciencia que tenemos capacidad de deseo, de amor, de contacto
físico, de relaciones sociales y sexuales, es una capacidad humana, que está
presente en cualquier ser humano, todo ser humano, tiene esta potencialidad, y está
acompañada, de los beneficios biológicos, pero de igual manera, de sus
atenuaciones sociales, positivas o negativas.
Existen deseos, que deberán quedarse
mencionadas en uno mismo, si es que no se busca entrar en conflicto con el
¨objeto amado¨ ya comprometido o comprometida, es necesario mencionar que el
deseo jamás se guarda, se vive y se disfruta, se le pone palabra y se menciona.
Si en esta existencia y práctica de tu
relación humana, con él o ella, se presenta el deseo mutuo, construirlo es tarea de ambas partes, experiméntenlo, vívanlo a solas y en compañía de dicha persona que desean, muévanlo de lugar, puede existir deseo en varias etapas de la relación
que construyas con la otra persona, pero lo que no puedes asegurar y dejar de
hacer, es vivir sin deseo.
Saludos a todos mis lectores.
